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LAS HADAS DEL BOSQUE

El hada del Bosque.
Cuentan que hace muchos años, un cazador iba por el bosque enfadado porque no había logrado cazar nada. Entró en el bosque y, lleno de rabia, empezó a disparar a todos los pajarillos que a su alrededor cantaban y saltaban.
Después de varias disparos, apareció una liebre cruzándose entre sus pies.
El cazador se revolvió y empezó a dispararle, pero no lograba acertar, lo que aumentaba su rabia. Sorprendido vio cómo la liebre se transformó en una bella joven que le miraba sonriendo. El cazador la observaba desconfiado y se acercó a la joven, pero ella no se movió.
El cazador continuaba acercándose, pero la joven tampoco se movía. Llevado por la excitación comenzó a abrazarla y besarla, y la joven se dejaba.
Empezó a sentir que el calor le inundaba el cuerpo, y cada vez sentía más calor, y calor, y calor. Abrió los ojos y descubrió que la joven había desaparecido. Entre sus brazos sólo ardía un enorme fuego. Notaba las quemaduras en la piel, en la cara, en las manos. Corriendo como si llevara el demonio con él atravesaba el bosque buscando un arroyo, se tiró mientras sentía el agua fría calmando sus heridas.
Entonces pensó que nunca más volvería a cazar.
Pero las buenas hadas también reciben castigos. Las anjanas tienen una prohibición, enamorarse de los hombres. Y ya sabemos que el amor no siempre entiende de leyes, y a veces se enamoran. El castigo es siempre terrible. Si una anjana transgrede la ley y convive con un hombre, nunca hallará la paz ni el sosiego, los perseguirán las desgracias. Será un amor trágico, condenados eternamente a amarse y nunca encontrarán la felicidad. Cuando tengan sed no podrán beber, si tienen hambre no encontrarán comida, si tienen frío no encontrarán dónde refugiarse. Y desearán la muerte, pero ésta no les llegará nunca. Y se verán obligados a errar eternamente, juntos, sin saciar nunca ni el hambre, ni el frío, ni la sed. Eternamente juntos y desgraciados.

EL BOSQUE ANIMADO

El bosque animado (fragmento). Wenceslao Fernández Flórez (España, 1885-1964)

" Los pareceres de aquel vecino tan raro y solemne influyeron profundamente en los árboles.
Las mimbreras se jactaban de tener parentesco con él porque sus finas y rectas varillas semejábanse algo a los alambres; el castaño dejó secar sus hojas porque se avergonzaba de ser tan frondoso; distintos árboles consintieron en morir para comenzar a ser serios y útiles, y todo el bosque, grave y entristecido, parecía enfermo, hasta el punto de que los pájaros no lo preferían ya como morada.
Pasado cierto tiempo, volvieron al lugar unos hombres muy semejantes a los que habían traído el poste; lo examinaron, lo golpearon con unas herramientas, comprobaron la fofez de la madera, carcomida por larvas de insectos, y lo derribaron.
Tan minado estaba, que al caer se rompió.
El bosque hallábase conmovido por aquel tremendo acontecimiento. La curiosidad era tan intensa que la savia corría con mayor prisa.
Quizá ahora pudieran conocer por los dibujos del leño, la especie a que pertenecía aquel ser respetable, austero y caviloso.(...)
Aquel día el bosque, decepcionado, calló. Al siguiente entonó la alegre canción en que imita a la presa del molino. Los pájaros volvieron.
Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir. "

POEMA DEL ARBOL

POEMA DEL ÁRBOL
Árbol, buen árbol, que tras la borrasca te erguiste en desnudez y desaliento, sobre una gran alfombra de hojarasca que removía indiferente el viento...
Hoy he visto en tus ramas la primera hoja verde, mojada de rocío, como un regalo de la primavera, buen árbol del estío.


Y en esa verde punta que está brotando en ti de no sé dónde, hay algo que en silencio me pregunta o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas el fango en flor, y sé lo que me dices; ya sé que con tus propias hojas secas se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día, este amor que murió calladamente, renacerá de mi melancolía en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño, tu instinto vegetal no se equivoca: Soñaré en otra almohada el mismo sueño, y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza, buen árbol, quizá pronto te recuerde, cuando brote en mi vida una esperanza que se parezca un poco a tu hoja verde...


José Ángel Buesa

El cazador en el bosque. Pablo Neruda

EL CAZADOR EN EL BOSQUE

Al bosque mío entro con raíces,con mi fecundidad: De dónde vienes?, me pregunta una hoja verde y ancha como un mapa.
Yo no respondo.
Allí es húmedo el terreno y mis botas se clavan, buscan algo, golpean para que abran,pero la tierra calla.
Callará hasta que yo comience a sersubstancia muerta y viva, enredadera,feroz tronco del árbol erizado o copa temblorosa.
Calla la tierra para que no sepansus nombres diferentes, ni su extendido idioma,calla porque trabaja recibiendo y naciendo: cuanto muere recoge como una anciana hambrienta:todo se pudre en ella,hasta la sombra,el rayo,los duros esqueletos,el agua, la ceniza,todo se une al rocío,a la negra llovizna de la selva.
El mismo sol se pudre y el oro interrumpido que le arrojacae en el saco de la selva y pronto se fundió en la amalgama, se hizo harina,y su contribución resplandeciente se oxidó como un arma abandonada.
Vengo a buscar raíces,las que hallaron el alimento mineral del bosque,la substancia tenaz, el cinc sombrío,el cobre venenoso.
Esa raíz debe nutrir mi sangre.
Otra encrespada, abajo,es parte poderosadel silencio,se impone como paso de reptil: avanza devorando,toca el agua, la bebe,y sube por el árbol la orden secreta:sombrío es el trabajo para que las estrellas sean verdes.

P. Neruda.